Historia del Monasterio Servitano

distante casi dos kilómetros de la ciudad romana, las excavaciones han puesto al descubierto la Planta de un gran edificio de 50x45 m., que los estudiosos, dadas las características de sus diversas dependencias, no han dudado en identificar corno un monasterio.

Historia del Monasterio Servitano

El nombre de esta ciudad aparece por primera vez en el año 179 a. C., con motivo de la campaña guerrera de Tiberio Sempronio Graco en tierras de la Celtiberia. Es el historiador romano Tito Livio (XL, 50) quien nos habla de la rendición de la ciudad a las tropas romanas, capitaneadas por el citado caudillo. Con la conquista se inició también su romanización; mientras que la entrada de los visigodos iba a dejar nuevas huellas. Toda la razón, pues, para quienes la han considerado como una ciudad celtíbero-romano-visigótica.

La vieja ciudad estaba situada en el llamado Castro de Santaver, un elevado cerro, junto al río Guadiela, afluente del Tajo, a poco más de tres kilómetros de la actual población de Cañaveruelas, en la Alcarria conquense. Hoy el extenso promontorio en que se asentaba la población es un inmenso campo de excavaciones arqueológicas que nos van mostrando la grandeza e importancia de aquella ciudad, que se habría mantenido en pie hasta mediados del siglo IX. Los responsables de su destrucción fueron las hordas musulmanas entre los años 866-70; coinciden estas fechas con el abandono de la ciudad de Sebastianus, su último obispo.

Tumba de piedra del monasrerio
Tumba de piedra del monasterio

Llegada a Hispania del abad Donato

A aquella ciudad había arribado en torno al año 570 el abad Donato, acompañado de "cerca de setenta monjes" procedentes de un monasterio del norte de África, en el que sufrirían todo género de vejaciones y amenazas por parte de las tribus moras del interior. Sobre este célebre monje escribe san Ildefonso de Toledo:

"Cuentan que Donato, consciente del trato violento que usaban aquellas gentes bárbaras y temiendo la destrucción del monasterio y los peligros que corrían sus monjes, se embarcó rumbo a Hispania con cerca de setenta monjes y gran cantidad de libros. Ayudado económicamente por Minicea, mujer noble y religiosa, les habría construido el Monasterio Servitano. Se dice que (Donato) fue el primero que trajo a Hispania la práctica y la Regla de la observancia monástica. En vida fue tan renombrado por los ejemplos de su virtud como eminente por la fama de su memoria después de morir. Se afirma también que en vida y ahora reposando en la cripta sepulcral brilla por la atribución de curaciones milagrosas; por lo mismo, los habitantes de la región honran su sepulcro".

 

En el texto citado no se hace alusión alguna al lugar en que se establecieron el abad Donato y sus monjes y durante mucho tiempo se pensó que habría sido la ciudad valenciana Játiva (Setabi, en latín), el lugar en que habría estado ubicado el Monasterio Servitano. Hoy todo aparece claro y evidente: al escrito de Eutropio, De districtione monachorum, en el que responde al obispo de Ercávica, Pedro, bajo cuya jurisdicción se encontraba el monasterio, se han unido las excavaciones llevadas a cabo en el llamado Vallejo del Obispo, así como la "cripta" excavada en el roquedal en que reposaron los restos del Santo y de la que habla san Ildefonso, no dejan lugar a duda alguna.
Cripta excavada en la roca
Cripta excavada en la roca

Hallazgo e identificación del Monasterio

En relación al citado lugar, Vallejo del Obispo, distante casi dos kilómetros de la ciudad romana, las excavaciones han puesto al descubierto la Planta de un gran edificio de 50x45 m., que los estudiosos, dadas las características de sus diversas dependencias, no han dudado en identificar corno un monasterio.

En lo que hasta ahora se ha descubierto se pueden distinguir tres partes: una gran estructura rectangular ubicada al noreste del edificio y que habría sido utilizada como oratorio; otra amplia dependencia pudiera ser la cilla o el comedor; y por último, una serie de recintos de 3x3 m, que corresponderían a las celdas monacales. Queda aún mucho por excavar, donde se podría encontrar, por ejemplo, el local destinado a biblioteca donde se guardarían los numerosos códices de que habla San Ildefonso.

 



Conclusión

Los argumentos en pro de esta identificación vienen recogidos por Rafael Barroso Cabrera y Jorge Morín de Pablos en un documentado estudio publicado en la revista Hispania Sacra (XLVIII, 1996, 149-196). La prueba principal la encuentran en el citado escrito de Eutropio, abad sucesor de San Donato, dirigido “ad Petrum papam”, el mismo personaje que san Isidoro de Sevilla llama “Petrum episcopum ircavicensem”, es decir, Pedro obispo de Ercávica, que es una respuesta a la queja que le habían hecho llegar sus monjes. En efecto, las medidas disciplinarias, acaso un poco duras contra algunos miembros de la comunidad por ciertas inobservancias, les habían llevado a quejarse ante el obispo. Eutropio se dirige a éste para justificar su actuación.

Basten sólo estos pasajes del escrito:
“Batísimo Padre, os escribimos estas cosas para que sepáis que no actuamos sin razón, sino que hacemos aquello que está establecido santa y regularmente según la costumbre de este monasterio”, puesto que “es preciso conservar la discreción y la institución de la santa regla, para que aquellas cosas que fueron establecidas por los Padres, sus sucesores e hijos las guarden y observen íntegras”.

Pues bien, el hecho de tener que explicarse ante el obispo de Ercávica no puede indicar otra cosa sino que el monasterio del abad Eutropio estaba dentro de los límites de la diócesis del obispo Pedro, a cuya autoridad estaba sometida la comunidad monástica, de acuerdo con las normas jurídicas de la época. Que las ruinas encontradas en el lugar llamado Vallejo del Obispo sean precisamente las del Monasterio Servitano viene a confirmarlo la existencia de la “cripta”, citada por Ildefonso, excavada en la gran roca existente a la vera de la ciudad; allí iban a permanecer durante tres siglos los restos del fundador del monasterio.

Todo encaja perfectamente: muerto el abad Donato con fama de santo sus restos fueron depositados en la citada “cripta”, que a partir de entonces se convirtió en centro de culto y veneración para los habitantes de la región, muchos de los cuales se hacían enterrar junto a él. Las hoy vacías, cripta del Santo y las 51 sepulturas de sus devotos en la roca, las numerosas inscripciones y los símbolos grabados en ella son otros tantos testimonios del culto que se le tributó desde el primer momento. Antes que San Ildefonso, Juan de Bíclaro había escrito sobre Donato: “Donatus, Abbas monasterii servitani, mirabilium operator habetur”.

En conclusión: los datos aportados por las modernas excavaciones y estudios arqueológicos, en perfecta sintonía con los textos de San Isidoro, Juan de Bíclaro, san Ildefonso y, sobre todo, del abad Eutropio no permiten abrigar ya duda alguna sobre la identificación y localización del Monasterio Servitano en la Provincia de Cuenca y más concretamente en los aledaños de la antigua ciudad de Ercávica.

Teófilo Viñas Román.